La primera médico en México

Hoy, 23 de octubre, se celebra el Día del Médico, y precisamente es una gran oportunidad para que les cuente un poco sobre quién fue la primera mujer en alcanzar el grado académico de esta profesión. No fue hace mucho, de hecho sucedió en 1887, y yo tuve mucho que ver en este asunto.

Así que, mis queridos lectores, permítanme narrarles la historia de Matilde Montoya.

Matilde, nació en la ciudad de México un 14 de marzo de 1857, y como se imaginarán vivió su niñez entre la incesantes batallas que se dieron entre la República y los generales franceses del Segundo Imperio Mexicano. Fue hija única, y por eso recibió atentos cuidados de su madre, quien le enseñó a leer y escribir. Es más, le encantaba dedicar las horas a todo tipo de lecturas.

Por otro lado, el padre de Matilde no estaba muy de acuerdo con esta situación, y no entendía por qué la niña necesitaba aprender tantas cosas. Era una época en que las mujeres debían aprender a ser amas de casa, cuidar a los niños, coser y cocinar.

Cuando quiso inscribirse en la Escuela Primaria Superior, la rechazaron por ser demasiado joven, apenas tenía 11 años. Sus familia pagó estudios particulares para que pudiera pasar el examen oficial de maestra de primaria a los 13 años, pero ¿qué creen? Sí, era muy joven para obtener su trabajo.

Su padre, en su naturaleza conservadora, decidió dejar de apoyar las aspiraciones de su hija, aunque no le sirvió de nada, porque murió poco después.

Ella y su madre se mudaron a Puebla.

Solo entonces Matilde se inscribió en la carrera de Obstetricia y Partera, que dependía de la Escuela Nacional de Medicina, pero era muy costosa y tuvo que abandonarla. En cambio se inscribió en la Escuela de Parteras y Obstetras de la Casa de Maternidad, donde se atendía clandestinamente a las madres solteras (un verdadero escándalo en el siglo XIX). Ahí recibió el título de partera, con el cual le fue muy bien en Puebla.

Quizás su primer gran acercamiento a la medicina fue cuando empezó a trabajar como auxiliar de cirugía para los médicos Luis Muñoz y Manuel Soriano, y aprendió muchas cosas que luego aplicó a los partes. Es de suponer que a otros  médicos no les gustara para nada que una mujer hiciera estas cosas, y empezaron a los rumores y publicaciones en su contra, que si era poco confiable por ser mujer, que si era protestante, que si practicaba la masonería. En resumen, una cacería de brujas.

Matilde tomó unas vacaciones largas en  Veracruz a ver si se calmaban las aguas, pero al volver a Puebla se dio cuenta que la situación estaba peor. Así, agarró todas sus cosas y se fue, con su madre, a la Ciudad de México. Se inscribió en la Escuela Nacional de Medicina, quien tenía de rector al Dr. Francisco Ortega. La publicaciones en medios no se hicieron esperar:

Debía ser perversa la mujer que quiere estudiar Medicina, para ver cadáveres de hombres desnudos…

Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica…

Alumnos y profesores pidieron que se revisara el expediente de Matilde porque había cursado algunas materias en privado, y a la pobre la dieron de baja. Entonces ella pidió que la dejaran recursarlas en San Ildefonso, pero no la aceptaron porque el reglamento decía “alumnos” y no “alumnas”.

Ya, desesperada, Matilde me escribió una carta para pedirme ayuda. Y yo le “sugerí” al director de San Ildefonso que la dejara cursar las materias. No le quedó de otra más que obedecer, y con justa razón. Cuando quiso hacer el examen de la Escuela Nacional de Medicina le volvieron a decir que el reglamentos no decía alumnas, Matilde volvió a escribirme, y yo le di un revés al rector: pasé un decreto para que se realizara el examen profesional de Montoya, el 24 de agosto 1887.

Carmelita y yo fuimos al examen profesional, y fuimos los primeros en aplaudir cuando a Matilde Montoya le dieron su aprobado. Se había convertido en la primera mujer médico en México, e inspiró a muchas mujeres a seguir el mismo camino. Matilde es un ejemplo de superación y lucha, y yo fui una pequeña parte en su historia. Hoy, día del médico, vale la pena recordarla, y celebrar sus triunfos.

¡Bravo, Matilde Montoya! Lo hiciste muy bien.

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Originalmente publicado en Mexican Times el 23 de octubre de 2016. 

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